NOS VEMOS EN LOS BARES

8 09 2007


Mucho se ha hablado del evidente homenje que Death Proof rinde a la serie B, a Russ Meyer y su Faster Pussycat o a Vanishing point. Pero Tarantino, como siempre, cocina unas golosas tartas llenas de capas de diferentes sabores cubiertos del chocolate de la cultura pop. Un buen pedazo del metraje de la pelicula y el papel que el director se reserva para sí mismo son un canto “al calor del amor en una bar”, que cantaba un grupo español. Tarantino interpreta al dueño de un bar que conoce a todos su parroquianos incluido al asesino Kurt Russell. Como director/guionista se recrea en las conversaciones de barra y de mesas, en los nombres de las bebidas servidas en maravillos y grotescos vasos, en las estrategias de ligue y de como aprovecharse de ellas para que te paguen las copas de una noche.

Estos dias enseño Madrid a unos amigos extranjeros y me descubro llevandoles a un bar tras otro. Lugares a los que no voy tan asiduamente pero que conozco y que aprecio bastante. Rincones muy característicos de mi personal vision de la ciudad. Sitios donde alguien ajeno a ella puede observar las verdaderas costumbres de algunos habitantes de Madrid, entre los que me encuentro. Cómo la gente se conoce y se relaciona, cómo se reencuentra, cómo liga, se rien, discuten, se lo pasan bien. Qué musica les gusta. Y todas estas cosas no pasan desapercibidas ante los ojos de los extraños, que comparan los comportamientos sociales de su lejano pais nórdico con los nuestros. Descubren cosas que no hubieran descubierto de otra forma en tan poco tiempo.

Los bares, los buenos bares, también cuentan cosas a través de sus paredes. Lugares saturados de posters de rock, firmados a veces por los grupos en sus visitas a la ciudad; espacios llenos de murales coloridos en los que perder la mirada; modernidades minimalistas; decoracionés cañís con la foto oficial de la plantilla de aquella mítica temporada de futbol; estanterias repletas de juegos de mesa antidiluivianos; columnas rococó; baretos llenos de brochazos mal dados… El propio bar de Death proof está lleno de objetos y carteles con referencias culturales del propio director. Con ellos crea un espacio muy personal en el que se reunen y relajan todos lo personajes y a traves del cual nos cuentas muchas cosas de si mismos. En el bar de Quentin no podia faltar esa Juke Box, perfecto simbolo del cine de Tarantino, donde un personaje dice algo de si a través de su elección musical.

Hay mucha vida en los bares más allá del alcohol. Ese factor humano del bar del que habla Kurt Russell cuando le dice a Rose McGowan por qué acude a los bares aunque no se beba.

Ojalá existiera ese bar regentado por Tarantino, aunque fuera en Austin, Texas. Se convertiría en lugar de peregrinación de mi culto cinéfilo y estoy seguro de que me encontraría con más de uno de ustedes.

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